La naturaleza de los pensamientos

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Autor: Jie Kong

El pensamiento es una forma de materia que tiene su propia naturaleza. Y cuando hablamos de la conciencia y del cerebro, debemos empezar con el estudio precisamente de la misma, ya que sin esto la mente no funciona y no se produce la excitación de los receptores cerebrales. La mente debe considerarse como un proceso de materialización del pensamiento, como una condición para su pensamiento.

Es decir, necesitamos aprender a hacer crecer los pensamientos, hasta cierto punto, crear una base para los mismos. Pero los pensamientos también son portadores de información de varios niveles, que no sólo tienen características diferentes dentro de nosotros, sino que también están presentes en el espacio. Además, diferentes espacios representan diferentes señales que también podemos definir como pensamientos.

También es bastante interesante el proceso de materialización de la mente tanto en las condiciones de la naturaleza física temporal de una persona, como en las energéticas temporales-espaciales y mentales, comparables a las espaciales e intemporales.

Por lo tanto, es importante percibir la mente como un proceso energético asociado con el tiempo y las leyes intemporales. Muchos procesos que podemos considerar equivalentes al pensamiento son procesos macrocósmicos conscientes creados por estructuras de los Campos, dimensiones, es decir una determinada forma de organización interna.

En las leyes de la función, este es el proceso de excitación, enfoque, perspicacia o algún tipo de señal estable, es decir, lo que nuestro cerebro puede realizar en una parte comparable. Por lo cual, podemos hablar de los niveles de pensamiento desde el punto de vista de aquellos procesos conscientes, que activan el espacio, capaces de corresponderse con la formación de la conciencia. Al mismo tiempo, por un lado la mente necesita un cuerpo similar al humano, y por otro, la conciencia misma es un Cuerpo y puede vivir de acuerdo con Leyes más sutiles, volátiles, en condiciones de cohesión interna y no externa.

Algo similar ocurre también desde la posición de las propiedades internas de nuestro cerebro, que es capaz de desarrollar tanto un esfuerzo interno para interactuar con el pensamiento, como para interactuar externamente, leyendo y resonando con otras ondas.

Resulta que en un primer caso se trata de una determinada realidad dada, en un segundo caso de nuestras capacidades humanas o esfuerzos generados por nosotros, y finalmente en un tercer caso, de una realidad superior capaz de cambiar y transformar ciertos procesos conscientes.

Desde el punto de vista de los esfuerzos del cerebro, resulta que el Arte del pensamiento puede representarse como cierto dato básico, llamémoslo psicología, capaz de prestar atención al sujeto del pensamiento, lo que la ética y la estética hacían en la antigüedad (es decir, el proceso de “educar” el pensamiento). Luego viene la capacidad de organizar el pensamiento o la filosofía — el esfuerzo básico del enfoque, generar la atención, organizar el pensamiento y las palabras. En realidad, el concepto de organización del pensamiento y la palabra es primario, y nos lleva a la estructura del pensamiento poético (digamos, hexámetro).

Hoy en día, por supuesto, es difícil separar las formas de pensamiento, pero la “extracción del pensamiento” es comparable a la “extracción del sonido” (retórica), donde es importante el Poder del pensamiento. Por otro lado, organizar el pensamiento desde la posición de la conciencia ya es una filosofía en si misma. Y último, remarco la capacidad de penetrar en la esencia misma de la formación del pensamiento, que presupone el desarrollo del Enfoque y de aquí, surge la pregunta hacia el cerebro propiamente dicho.

Y sólo desde la posición de desarrollar la fuerza de la organización de la mente y el enfoque, podemos influir en la naturaleza de nuestro espíritu, la naturaleza de la espiritualidad.

En la antigüedad, lo principal era la naturaleza de la espiritualidad. Expresado en la forma de vida de varias tribus y nacionalidades. Por ejemplo, en los conceptos de la cosmogonía andina, según los cuales las personas continuaron construyendo sus vidas apoyándose en la naturaleza de su específico pensamiento. Algo similar conservaron los aborígenes australianos y muchas culturas tradicionales africanas.

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