Las plantas pueden gritar

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Científicos israelíes de la Universidad de Tel Aviv realizaron investigaciones únicas en el campo de la biología. El grupo dirigido por Itzhak Khait logró grabar el ultrasonido producido por las plantas en condiciones de estrés. A lo largo del estudio, dejaron las plantas de tomate y tabaco sin agua, los cortaron los tallos y les privaron de la luz solar. En estas condiciones la frecuencia de las oscilaciones sonoras era de 49–58 kHz, la presión sonora era de 60–65 dB con una norma mucho más baja (los resultados completos del estudio fueron publicados con el analógico recurso científico en inglés en biorxiv.org).

Como resultado de los estudios previos los biólogos registraron un cambio en el color y la forma de las hojas y las flores, un cambio en la composición de las sustancias liberadas por las plantas. El director de la investigación Itzhak Khait supuso que la respuesta de las plantas no se limitaba a las señales olfativas y visuales por lo que la Universidad de Tel Aviv financió más pruebas.

Durante las pruebas, colocaron plantas de tabaco y tomate en un recipiente transparente y a su lado colocaron dispositivos de lectura de ultrasonido en el rango de 20-150 kHz. Privaban secuencialmente las plantas de agua y cortaban sus tallos, arreglando el sonido y comparándolo con indicadores similares en reposo. Los instrumentos registraron 49.6 kHz en tomate y 54.8 kHz en tabaco en ausencia de humedad. Al recortar los tallos, la frecuencia era de 57.5 kHz para tomate y 57.8 kHz para tabaco a una presión sonora de 60-65 dB.

En estudios posteriores los científicos israelíes usaron un algoritmo especial y aislaron la frecuencia de sonido de las plantas del ruido ambiental (el error no fue más del 1%). Este sonido se forma durante el fenómeno de cavitación en condiciones de formación y destrucción de gases en los tejidos de las plantas. El fenómeno de la cavitación se registra en diversas condiciones de estrés de la vida de las plantas, por ejemplo, en el proceso de caída de las hojas en el otoño.

Los datos obtenidos nos permiten suponer que a pesar de la incapacidad de escuchar los sonidos de las plantas por el oído humano, otras plantas y los insectos, sí son capaces de percibirlos. Itzhak Khait planea dedicar más investigaciones a los problemas de la comunicación entre las plantas.

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